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Ya no será feroz este invierno
al que despojan de su insomne fuerza
la híbrida belleza.
Ya no clama contra mí, no aturde el frío
no habrá testigos
de esta pasión del desvanecimiento,
de esta desnuda desmemoria.
Lo veo caer, lo veo purificar la piel reseca de los árboles y acariciar la muda de la osamenta estremecida mientras el aire teje la fuerza vaporosa de otra ruina
y los escombros nacen de las vírgenes herrumbres plateadas
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